Entre Málaga y Almogía
Está mi tierra señores,
En Roalabota nací
Me crie en Los Verdiales,
Montes de muchos almendros
Y de tantos olivares.
En lo alto de una loma
La Ermita de Los Dolores,
Con su Virgen que es patrona
De Venta Larga, Roalabota
Y el Partido de Verdiales.
Yo nací en el cuarenta
Aquellos años del hambre,
y vine al mundo como tantos
hijos de aquellos Lagares,
estrenando una posguerra
con muchas penalidades.
No tuvimos juventud
nos robaron la alegría,
y nos hicieron ser viejos,
Siendo niños todavía.
Se nos negaron los medios
para poder estudiar,
y nos cambiaron los libros
por herramientas de arar.
Y si alguno reclamaba
su derecho a estudiar,
enseguía le contestaban
sin dejarle ni de hablar,
¿Estudiar niño, pa´qué?
¿pa`qué quieres estudiar?
¡esas son cosas de ricos!
a ti no te sirven de pa`ná,
los ricos van a la escuela,
los pobres, ¡a trabajar!.
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Cuando ya fuimos mayores
y podíamos trabajar,
tampoco había trabajo
y tuvímos que emigrar.
Hay! ¡Andalucía!, Andalucía,
¡Málaga tierra mía!
de niño te preguntaba
y nunca me respondías,
¿porqué tu siendo tan rica,
tu tierra no es productiva?.
Ya no la labran siquiera,
se pasan el día entero
metidos en la cantina,
y los “ricos” en el casino,
charlando de cante y toros
entre copitas de vino.
Mientras el pueblo se marcha,
en amarga romería,
buscando el pan y el trabajo
que en su tierra no tenían.
Con lagrimas en los ojos,
Y mi maleta de cartón,
tuve que marchar con rabia
y pena en mi corazón.
Y así llegué yo a Bilbao,
aquí me puse a estudiar,
los Domingos iba a misa,
para aprender a rezar.
Un año estuve en la Escuela,
¡Sí!, un año nada más,
tuve que dejar el estudio
pa` ponerme a trabajar.
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Muchas lagrimas lloré
añorando la tierra mía,
sus ferias, la Semana Santa
y las fiestas de Verdiales,
que hasta en sueños yo las veía.
Desde niño estoy en Bilbao,
aquí empecé a trabajar,
aquí nacienron mis niños
y aquí formé yo mi hogar.
Ya han pasado ¡muchos años!,
que yo salí de mi tierra
pero siempre llevé con cariño,
¡Aquí ª! en ésta “cajita”,
mis juegos cuando era un niño,
en La loma de la Ermita.
A Vizcaya, yo la quiero,
porque soy agradecío,
el que diga lo contrario
es que no la ha conocío.
Pero yo soy, ¡andaluz!
Y quiero mucho a mi tierra,
Y como nunca la olvido,
quisiera cuando yo muera,
por las Animas benditas,
me entierren bajo un olivo,
¡En la loma de la Ermita!,
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